sábado, 23 de junio de 2012

LAS DEMOCRACIAS ME CHIFLAN

¿Quién no quiso nadar en un mar calmo y tibio
librado a la imaginación y a cualquier suerte?
No hubo vergüenza ahogada en ningún pensamiento
sobre la salvación del hombre,
y ninguna razón que no acabó siendo fusilada por la espalda
y las contradicciones,
ineludible andamiaje del sistema.

La pureza inicial se pudrió en formaciones de repúblicas
que emergieron como hongos al compás de pequeños estallidos
de masas que se organizaban con la inmutabilidad de
   las pirámides
con anchas bases de miserias y escasas cumbres
donde se acumulaba el oro.

Nadie quería escuchar las verdades que fluían
a través de los siglos
y las cúpulas acordaron el permiso necesario para que la
   historia
volviese a repetirse aliviada de culpas,
con plenitud de impunidad, y en su nombre
volvió la esclavitud,
los caprichosos asesinatos múltiples,
la enfermedad y el hambre
disfrazadas de políticas humanas
que enardecieron a esos 150 millones subsumidos
del canto del poeta.

Las ciudades se abrieron de piernas frente a la maldición del imperio
que cayó sobre los que se animaron a tomar las fuerzas de los bordes
que marginaban a los que caían como colgajos
de la distorsionada democracia.
La ideología se elevó sobre la idolagría de la estupidez,
la máquina cambió potencia humana por monedas,
el habla perdió su posibilidad de ser escrita
y un fermento amarillo se derramó como veneno en una diabólica travesía.

Así pasaron revoluciones que alucinaban
una suerte de fraternidad y una igualdad que naufragó en
contiendas bursátiles y peripecias humillantes.

No hubo alivio posible a la indecencia
y el mercado feudal retomó los brillos
y los señores rasgaban las vestiduras de las vírgenes
entregadas por una miga de pan.

Una falta de fe invadió la superficie de la tierra,
el planeta se debilitó en una anemia perniciosa,
que impidió retormar el color de las pieles
y el negro y blanco abrieron el espectro de las oposiciones,
el racismo transmitió un rencor ciego
con la misión de disolver las mitocondrias
y no se encontró remedio para esta dolencia destructiva.

Lo humano tiene tedio y no resiste más
el asalto del poder en un mundo partido por una horizontal
donde el Norte y el Sur tropiezan como locos.

Pero cuidado! ...se escucha un movimiento silencioso
de larva y de lombriz
dirigido a la barbarie
que escupe ácidos fermentos
sobre la civilización y su progreso.

Norma Menassa
De "Graffitis en el cielo", 2010

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